14.12.17

el submarino de 1810

wikipedia

En la lista de los osados inolvidables de la Revolución en el Río de la Plata no podía faltar el estadounidense Samuel William Taber, quien lejos de aprovechar la condición acomodada de su familia neoyorquina, resolvió que haría fortuna por su cuenta y se instaló en Europa para dedicarse al comercio. Pero, además, tenía dotes de inventor y cuando arribó a Montevideo en diciembre de 1810 -tenía 30 años- traía en su equipaje ciertos planos que prefirió no dar a conocer.

Las noticias de la revolución porteña lo entusiasmaron y por ese motivo viajó a Buenos Aires con un objetivo preciso: aportar su invento a la causa de los patriotas. Obtuvo una entrevista con integrantes de la Junta Grande. Allí sí desplegó los planos de su invento: nada menos que un submarino que se ofrecía construir con el fin de atacar a la flota enemiga.

(…)

¿Cómo era el submarino de Taber? De madera, con la forma del caparazón de una tortuga, de ocho a diez metros de eslora y con espacio para varios tripulantes. Según el diseño, en el exterior de la proa del submarino había un taladro que se accionaba desde el interior. Su plan era perforar el casco de los barcos enemigos y por allí colocarles explosivos.

Los encargados de analizar el proyecto fueron Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga. Como el gran talón de Aquiles era la enorme disparidad de fuerzas en las aguas y las velas enemigas asomaban en el horizonte, los comisionados aprobaron el plan y Taber inició la ejecución de la tortuga marina. Con la ayuda de criados, se abocó a la construcción de las partes de la nave que, en el tramo final, serían ensambladas. Esto a su vez permitía mantener el secreto: nadie que no estuviera al tanto podría determinar qué aparato estaba creando el estadounidense. ¿Quién lo financiaba? Él mismo, ya que no aceptó dinero que le ofreció el gobierno. Avanzaban los trabajos de carpintería, pero se perdió el objetivo debido a que los barcos realistas dejaron de merodear la costa bonaerense y se retiraron a la Banda Oriental luego de derrotar a la flota que dirigía Azopardo.

Sin embargo, Taber seguía sosteniendo que su submarino sería útil. Viajó a Montevideo a estudiar el puerto enemigo, la disposición de los barcos y pensar en la estrategia, una vez que llegara a esas aguas con el sumergible de su invención. Tomó contacto con los espías que actuaban en la Banda Oriental, quienes le presentaron a Ángel Monasterio, futuro ingeniero militar de las filas patriotas.

Taber y Monasterio se asociaron en la tarea de espionaje en el puerto. Cuando contaban con toda la información necesaria, organizaron la huída. En total eran seis los hombres que se fugaban de Montevideo para pasar a Buenos Aires en la noche del 8 de marzo de 1811: los acompañaban los capitanes Rafael Zaldariaga y Juan V. Wardell, más los subtenientes Anacleto Martínez y José M. Lorenzo. Pero todos fueron detenidos cuando ya estaban arriba del bote que iba a sacarlos de allí. Taber, Monasterio y los demás fueron conducidos -encadenados- a la prisión. Acusaron al estadounidense de sobornar a los otros cinco para pasarlos de bando.

(…)

Recién el 25 de mayo fue liberado, previo pago de una fianza de dos mil pesos que hizo efectiva el vecino Francisco Díaz, futuro oficial del Ejército Libertador de San Martín. A Taber lo obligaron a tomar un buque que fuera hacia Estados Unidos. A Wardell, que también era extranjero, lo expulsaron del Río de la Plata. Los otros compañeros de aventura serían remitidos a España (después no se cumplió porque hubo una amnistía).

En Río de Janeiro, escala del viaje a Nueva York, el inventor se bajó del barco y regresó a Buenos Aires para seguir adelante con su tortuga marina. Arribó el 10 de septiembre de 1811, poco después de que la flota realista hiciera una nueva incursión sobre las costas porteñas, hecho que reactivó el interés por su plan submarino. Taber se encontró con una ciudad convulsionada en medio de una tormenta política: dos semanas atrás Saavedra había marchado al norte, luego de la desalentadora noticia del desastre de Huaqui.

De todas maneras, aun ante la ausencia de uno de sus padrinos, persiguió su sueño y escribió a la Junta: (…) “Ofrezco de nuevo trasladarme a la Banda Oriental y echar a pique con la enunciada máquina [la tortuga marina] la fragata de guerra y el bergantín que sirve de depósito para la pólvora; igualmente, ofrezco presentar un plan de ataque que al paso que asegure la posesión de la plaza, consulte la menor efusión de sangre, empeñando mi palabra de que seré el primero que me presentaré entre los bravos que deben ejecutarlo”. Es decir, un plan para volar los barcos y otro plan para tomar la ciudad.

(…)

El 11 de octubre de 1811 Taber ya tenía todas las partes del aparato de color negro. Las acomodó en un gran cajón de madera de pino que llevaba la letra inicial T. Solicitó permiso para trasladarse en barco a la Ensenada de Barragán, un lugar con mayor calado para sumergirse y también más alejado de ojos indiscretos, lo que le permitiría realizar ensayos. El secretario del Primer Triunvirato, Bernardino Rivadavia, envió a un emisario a entrevistarse con Taber. Se supone que Pedro Pablo Torres, el hombre de Rivadavia, sólo haría una inspección de rutina y el plan seguiría su marcha. Pero no fue así. Lo que haya ocurrido con aquel submarino de 1811 es hoy un misterio.

Taber continuó realizando tareas de espionaje hasta que murió el 8 de noviembre de 1813, víctima de una enfermedad que había contraído en su estadía en prisión. Donó todas sus pertenencias al gobierno revolucionario. Los planos del submarino se perdieron.

DANIEL BALMACEDA
“El proyecto del submarino patriota de 1810”
(la nación, 12.12.17)

13.12.17

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12.12.17

la desaparición del silfio

bbc mundo

Hace mucho tiempo, en la antigua ciudad de Cirene, había una hierba llamada silfio. Con sus raíces robustas, hojas chatas y pequeñas flores amarillas, no parecía gran cosa. Pero la planta rezumaba una savia aromática que era tan útil y deliciosa que llegó a valer su peso en oro.

Hacer una lista de sus usos sería una tarea larga: sus crujientes tallos se horneaban, salteaban o hervían para ser comidos como si fuera una verdura, mientras que sus raíces se comían frescas, mojadas en vinagre.

También era excelente para ayudar a conservar lentejas. Y cuando se les daba a las ovejas, su carne se volvía palpablemente más tierna.

De sus brotes se extraía además un perfume delicado, mientras que la savia se dejaba a secar y luego se rallaba sobre alimentos como sesos o flamenco estofado. Conocido como “láser”, el condimento era tan fundamental para la alta cocina romana como comer reclinado vistiendo una toga.

También tenía aplicaciones médicas: el silfio era una verdadera hierba maravilla, una panacea para todo tipo de dolencias, desde brotes en el ano (Plinio el Viejo recomendaba varias fumigaciones con la raíz) a mordidas de perros salvajes (simplemente frotar en el área afectada decía Plinio, quien sin embargo advertía no hacerlo nunca si se padecía de caries).

El silfio era además utilizado en la alcoba, donde su jugo era tomado como afrodisíaco o aplicado “para purgar el útero”. De hecho, puede haber sido el primer método anticonceptivo realmente eficaz.

Y sus semillas en forma de corazón son la razón por la que todavía hoy asociamos ese símbolo con el romance.

Los romanos querían tanto a la hierba, que la mencionaron en poemas y canciones, así como en grandes trabajos literarios.

Por siglos, los reyes locales mantuvieron el monopolio de la planta, que convirtió a Cirene —hoy la libia Shahhat— en la ciudad más rica de África. Antes de dársela a los romanos, los griegos la pusieron incluso en su dinero. Y Julio César llegó al extremo de guardar 680 kilos de la hierba como un tesoro.

Pero el silfio se esfumó, muy probablemente no solo de la región sino de todo nuestro planeta. Plinio escribió que, durante toda su vida, solo se descubrió un tallo de la famosa planta, el que fue cortado y enviado al emperador Nerón como una curiosidad allá entre los años 64 al 68 de nuestra era.

Con solo unas pocas estilizadas imágenes y los relatos de los viejos naturalistas para seguirle el rastro, la identidad de la hierba favorita de los romanos es un misterio. Algunos creen que se consumió hasta la extinción, otros que se esconde a plena vista como una maleza mediterránea más.

(…)

Según la leyenda, el silfio fue descubierto después de que una lluvia “negra” azotó la costa este de Libia hace más de dos milenios y medio. A partir de entonces, la hierba extendió sus anchas raíces más allá, creciendo frondosa en exuberantes laderas y prados boscosos.

Puede sonar extraño. Después de todo, el norte de África no es conocido por su verdor, pero estamos hablando de Cirenaica, una región de tierras altas escalonadas con abundantes reservas de agua. Incluso hoy hay partes que reciben hasta 850 milímetros de lluvia por año, casi lo mismo que Gran Bretaña.

La región fue originalmente poblada por los griegos y anexada por los romanos en el año 96 a.C., a los que siguió Cirene un par de décadas más tarde. Y casi inmediatamente las existencias de silfio empezaron a decaer de forma alarmante.

En un plazo de 100 años, había desaparecido casi completamente.

Parte del problema es que la exigente planta solo crecía en esta región. Su hábitat se reducía a una estrecha franja de tierra de unos 200 x 40 kilómetros. Y, aunque lo intentaron, ni griegos ni romanos lograron domesticarla.

El silfio tenía que ser recogido en estado silvestre. Y aunque había reglas estrictas acerca de la cantidad que se podía cosechar, también había un mercado negro importante para la planta.

(…)

ZARIA GORVETT
“Silfio: el enigma de la planta ‘milagrosa’ que sedujo a griegos y romanos y desapareció sin dejar rastro”
(bbc mundo, 09.12.17)

11.12.17

el día que casi perdemos a Gardel

infobae

En la madrugada del sábado 10 de diciembre de 1915, Carlos Gardel decidió recibir su cumpleaños en el Palais de Glace, donde se reunía la juventud y la bohemia porteña a bailar tango de salón. Cuando estaba por ingresar junto a su amigo el actor Elías Alippi, un hombre se interpuso y le efectuó un disparo en el pecho con un revólver. “Ya no vas a cantar más 'El Moro'”, le dijo el atacante.

Inmediatamente, fue trasladado al Hospital Ramos Mejía, donde el doctor Donovan comprobó que el cantante tenía alojada una bala en su pulmón izquierdo. Luego de analizar la herida, el médico determinó que era extremadamente peligroso el intentar extraerla.

¿Qué es lo que había ocurrido? Versiones más o menos coincidentes señalan que Gardel tenía un amorío con una mujer conocida como Madame Jeanette o La Ritana, que había sido cantante de Enrique Caruso. Por entonces era dueña de un salón de baile de la calle Viamonte y fue por su gestión que el popular dúo Gardel-Razzano había comenzado a actuar en el Armenonville, un lujoso restaurante concert, ubicado en la avenida Alvear y Tagle.

Pero La Ritana ya estaba comprometida, y no con cualquier persona sino con Juan Garesio, miembro del hampa porteña y dueño del cabaret Chantecler, que funcionaba en la calle Paraná al 400.

Garesio, al enterarse del romance, mandó a pegarle un tiro a Gardel. El brazo ejecutor fue Roberto Guevara, quien fue acompañado por un individuo de nombre Gregorio Gallegos de la Serna. Algunos sostienen que eran parientes lejanos del que después se convertiría en el Che Guevara.

Cuando Gardel se recuperó, buscó protección porque temía que Garesio mandase a otro sicario a terminar su labor. Así es que se contactó con su amigo Juan Ruggiero, más conocido como "Ruggierito", el pistolero que trabajaba bajo las órdenes del intendente de Avellaneda Alberto Barceló. Como a Gardel le gustaba apostar, solía concurrir al comité-garito de Ruggiero de la avenida Pavón al 200, en Avellaneda. Terminarían siendo amigos.

Ruggiero fue al Chantecler a hablar con Garesio ya que ambos se conocían. “Por favor, déjalo tranquilo a Gardel. Lo que pasó fue, y ya no se puede volver atrás. Te lo pido yo”. Y a los que habían atentado contra la vida del cantante, Ruggiero fue más terminante: “Si tocan a Gardel, habrá guerra”.

Garesio cumplió su palabra. Hasta que los ánimos se calmasen, Gardel fue alojado en la estancia de Pedro Etchegaray, en Uruguay. Nunca olvidaría el gesto de Ruggierito a tal punto que participaría en todo acto del Partido Conservador que se realizaría en Avellaneda, en tiempos en que los mitines políticos eran amenizados por cantantes populares, como Gabino Ezeiza o José Betinotti que lo hacían en actos del radicalismo.

(…)

Cuando ocurrió la tragedia de Medellín, donde Carlos Gardel perdió la vida, los médicos que le efectuaron la autopsia descubrieron la bala, y entonces comenzó a correr la historia de que había habido un tiroteo dentro del avión. Los profesionales colombianos nunca podrían saber que esa bala había acompañado a Carlos Gardel durante 20 años de vida artística.

(…)


ADRIÁN PIGNATELLI
“A 102 años del cumpleaños más dramático de Carlos Gardel”
(infobae, 11.12.17)

9.12.17

conozco la canción: el adagio de albinoni

Para aquellos que tengan ciertos años en la mochila (lo digo por algunos de los lectores, nada que ver por el autor de esta página) (:-)), recordarán este tema que insertamos a continuación:



La versión es de la Johann Strauss Orchestra de André Rieu.

Para los amantes de la música clásica, habrán reconocido al toque el tema, el célebre Adagio de Albinoni o, con más detalle, el Adagio en sol menor. Para los que le escapan a la música clásica y tienen los años que pedíamos al principio, la reconocerán como la música que ponían de fondo en los momentos dramáticos de las telenovelas de los '60 y '70. Cuando se moría un personaje, aparecía esta música de fondo, mientras lloraban actores y actrices participantes.

wikipedia

El Albinoni del Adagio no es otro que Tomaso Albinoni, un veneciano nacido en 1671. Tomaso era hijo de un rico comerciante, por lo que pudo hacer lo que otros músicos no pudieron: dedicarse a componer sin preocuparse de quién lo sostenía financieramente. Por ese motivo, no integró ninguna Corte ni buscó alguna posición en Iglesia alguna. Era independiente y pudo crear, sin ninguna limitación. Tal vez por eso, pocos datos hay de su vida. Albinoni compuso medio centenar de óperas pero trascendieron más sus obras instrumentales que llegaron a llamar la atención de, nada menos, Johann Sebastian Bach.

Albinoni podría estar en la trastienda de la historia de la música, detrás de otros nombres rutilantes, pero el Adagio en sol menor fue el hit que lo instaló en la cima y lo dejó allí en el Parnaso musical.

Pero lo que llama la atención, es que el tema empieza a conocerse recién en 1958, por el trabajo del musicólogo y crítico italiano Remo Giazotto. Este romano era un especialista en Albinoni, trabajó en clasificar sus obras y hasta llegó a publicar una biografía de él. Y declaró haber encontrado, entre los restos de la Biblioteca de Dresde (bombardeada en la Segunda Guerra Mundial), un fragmento de un manuscrito de Albinoni. Según Giazotto era el pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía, muy posiblemente un movimiento lento de una sonata a trío. Gazotto hizo el arreglo en 1945 y trece años después, pasada la Guerra, la publicó, presentándola en sociedad. Sí. Era el Adagio en sol menor de Albinoni. Porque Gazotto dejó en claro que él no compuso nada, que sólo hizo el arreglo.

Bueno, hasta acá todo bien. De no ser que no hay pruebas de ese supuesto fragmento y la propia Biblioteca Estatal de Dresde afirmó que la obra no se encuentra en su archivo. Así que parece que el célebre Adagio de Albinoni no es de Albinoni sino de Gazotto.

(Confesemos que es más cool que sea de Albinoni que de Gazotto. El Adagio de Gazotto suena más a un risotto que a una composición musical.)

¿Por qué lo hizo, Gazotto? ¿Admiración a su ídolo? ¿Truco publicitario de la Casa Ricordi que publicó originalmente el Adagio? Un poco de cada cosa. Lo cierto es que Gazotto, en el final de su vida y con serios aprietos económicos, declaró ser el autor de la obra. Pero, claro, los derechos de autor fueron para Albinoni y Gazotto siguió participando.

Pero no deja de ser risueño que, la obra más recordada de Albinoni, no sea de Albinoni.

Infinidad de versiones se sucedieron del tema desde el fraude de Gazotto. Escuchemos la de Herbert Von Karajan:



Otro que encaró el tema fue el violín de David Garrett:



Camilo Sesto destrozó el tema poniéndole letra a la melodía, en oportunidad de la muerte de su padre. Esta versión recibe el nombre de Mientras mi alma sienta y le agrega cierta dosis de kitsch al Adagio:



El Adagio llegó al inglés y al italiano por la cantante belga Lara Fabian. Aquí el tema en italiano:



y en inglés:



Para cortar con tanta dulzura, una versión que no llegó a editarse. Durante las sesiones de “Waiting for the sun”, The Doors grabó el tema que no integró el álbum final de 1968, uno de los más complicados de grabar por el avanzado estado de alcoholismo en que se encontraba Jim Morrison:



Tengo mis serias dudas de si esta versión no es otro fraude más de los que circulan por la red. Pero de ser ese el caso, ¿qué le hace otra mancha más al Adagio?

(¡Gracias Roberto!)

FUENTES:

https://es.wikipedia.org/wiki/Adagio_de_Albinoni

http://javierclassic.blogspot.com.ar/2010/08/tommaso-albinoni-venecia-1671-id.html

http://www.cbcmusic.ca/posts/18137/albinoni-adagio-g-minor-biggest-fraud

8.12.17

tres para el ddt

cultura cientíica

(…)

Othmar Zeidler estudió química y entró en el laboratorio de Adolf von Baeyer, en la Universidad de Estrasburgo, entonces en Alemania, y allí sintetizó el DDT en 1874, entre otros compuestos que incluyó en su tesis. El DDT quedó archivado y olvidado. Era, para ser exactos en su nomenclatura química, el 1,1,1-tricloro-2,2-bis(4-clorofenil)-etano, de fórmula (ClC6H4)2CH(CCl3). Es un compuesto soluble en grasas y disolventes orgánicos, casi insoluble en agua, y con 354 de peso molecular.

Zeidler volvió a Austria dos años más tarde, en 1876, y, como su padre, pasó a regentar una farmacia en Viena hasta su muerte en 1911.

(…)

… Paul Hermann Müller, químico suizo que, en 1925, entró a trabajar en la planta de Basilea de la empresa de química y farmacia Geigy. Colaboró en la síntesis de colorantes para la industria textil y, en 1935, investigó y desarrolló protectores de plantas contra las bacterias. Entonces su empresa le asignó como objetivo conseguir productos con capacidad insecticida.

En aquellos años, los insecticidas o eran productos naturales escasos y caros o productos sintéticos poco efectivos. Algunos de los insecticidas más eficaces eran también tóxicos para las personas. Müller estableció como condiciones en su investigación, que luego detalló en su discurso de aceptación del Premio Nobel, que los productos resultantes fueran tóxicos y mataran, es obvio, el mayor número de insectos posible, por contacto y con rapidez, sin causar daños a las plantas o a las personas, no debían ser irritantes, con poco olor o inodoros y nunca con un olor desagradable. Además, debían ser estables y de bajo coste.

Como apuntan Walter Jarman y Karlheinz Ballschmiter, era signo de aquellos tiempos, hace varias décadas, que no se tuvieran en cuenta dos características que serían esenciales en la actualidad: degradación efectiva y no acumulación en el ambiente, y no acumulación en los organismos vivos.

Durante los estudios de Müller, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo una escasez de alimentos en Suiza, en parte provocada por los daños que los insectos provocaban en los cultivos. Además, coincidió con una extensa y mortal epidemia de tifus en la Unión Soviética post revolucionaria. Ambos hechos empujaron a Geigy y, en concreto, a Müller a continuar la búsqueda de un insecticida sintético y eficaz.

Müller comenzó a ensayar compuestos del archivo de la empresa y de otras fuentes y a medir su actividad insecticida. Los insectos que utilizaba para probar los compuestos eran moscas, de la especie Calliphora vomitoria, la conocida mosca de la carne. En septiembre de 1939, después de cuatro años y 349 compuestos ensayados, encontró uno que acababa en poco tiempo con sus moscas. Era el dicloro difenil tricloroetano, que pronto se haría popular como DDT.

Puso en una caja cerrada 100 moscas Calliphora y lo fumigó con DDT. Al principio, parecía que el compuesto no provocaba ningún efecto pero, después de una hora, todas las moscas habían muerto. Sacó Müller los cadáveres de la caja, la lavó con agua hirviendo y jabón, introdujo otras 100 moscas y, sin pulverizar más DDT, en una hora murieron todas. Era un producto con gran poder insecticida y, además, persistente.

Era el compuesto que había sintetizado Zeidler más de medio siglo antes y que había quedado olvidado. Probar su actividad como insecticida no había sido en absoluto el objetivo de la investigación del farmacéutico vienés. Pero sí lo era para Paul Müller.

Solo seis meses más tarde, Geigy patentó el DDT en Suiza en 1940, en Gran Bretaña en 1942, y en Estados Unidos y Australia en 1943. Fue en Gran Bretaña y en 1943 donde se empezó a utilizar y popularizar el nombre de DDT. Rápidamente sacó al mercado mezclas, con diferentes nombres comerciales, que contenían DDT en diferentes concentraciones.

El primer ensayo sistemático del DDT en agricultura se hizo en Suiza, en 1941, y contra el escarabajo de la patata. En 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, Geigy mandó una muestra a Estados Unidos y el Departamento de Agricultura demostró la eficacia del DDT contra el escarabajo de la patata que era, en aquellos años, uno de los principales y más baratos alimentos. Más tarde se ensayó con el mismo éxito con piojos, pulgas y mosquitos. Se propuso la hipótesis de que enfermedades como la malaria, el tifus o la peste, transmitidas por insectos quizá, por fin, se podrían controlar.

Contra los insectos transmisores de enfermedades la primera campaña se hizo en Argelia, en 1943, contra el tifus. Italianos y alemanes, en Italia y en 1943, fueron los primeros en utilizar el DDT contra los mosquitos del género Anopheles transmisores de la malaria. Por la misma época, las tropas de Estados Unidos comenzaron a fumigar en las islas del Pacífico y otras zonas cercanas, con malaria endémica, para eliminar la malaria y ayudar en la guerra con Japón. Es curioso que entonces se sabía que el ejército de Estados Unidos utilizaba como insecticida un compuesto secreto muy eficaz. Ahora sabemos que era el DDT.

En las décadas entre los cincuenta y los setenta, el DDT ayudó a erradicar la malaria de muchos países, como ocurrió, por ejemplo, en España. Es el principal responsable de la eliminación de las especies de mosquito. del género Anopheles, vector del plasmodio de la malaria. La primera vez que se utilizó a gran escala el DDT contra el mosquito de la malaria fue en 1944, en Italia, contra el Anopheles labranchiae, transmisor de la malaria en las marismas del sur de la península. La campaña la hizo el ejército de Estados Unidos junto a la Fundación Rockefeller. Al sur de Roma abundan las marismas, de nuevo inundadas por el ejército alemán en retirada, y con la malaria como enfermedad endémica.

La campaña comenzó en 1944 y 1945 en Castel Volturno, al norte de Nápoles, con gran éxito en la eliminación del mosquito y en la caída del número de enfermos. Un año más tarde, en 1945, se organizó una campaña similar cerca de Roma, en las marismas Pontinas. Terminó con un éxito parecido a la campaña de Nápoles, y el mosquito llegó a desaparecer de los alojamientos de las tropas. Fumigar los edificios era el método más eficaz y, además, justo después de la guerra había todavía minas y explosivos sobre el terreno y era peligroso fumigar a campo abierto.

El primer ensayo a gran escala lo organizó el ejército de Estados Unidos y la Fundación Rockefeller en la isla de Cerdeña entre 1946 y 1951. En 1946 los casos de malaria en la isla eran 75000 y en 1955 quedaban 9 pacientes de malaria.

A principios de los cincuenta, cuando el DDT empezaba su recorrido por el planeta, había 350 millones de enfermos y suponían 3.5 millones de muertes al año. En Europa, el insecticida consiguió eliminar la malaria en el Mediterráneo y, en concreto, además de en España, Italia, Grecia, Israel y Turquía. Por ejemplo, en Sri Lanka, los casos de malaria pasaron de 2800000 en 1948 a 17 en 1963, y para 1968, después de prohibir el DDT, ya había, de nuevo, un millón de enfermos. En la India bajaron de 100 millones a 300000 entre 1935 y 1969. Y en Bangladesh desapareció la enfermedad.

Era el resultado de la aplicación masiva de DDT, lo que entonces se empezó a llamar la dedetización. Para 1965, la malaria había sido erradicada de países que, en conjunto, sumaban 600 millones de habitantes.

Sin embargo, pronto se empezó a sospechar que el DDT había perdido parte de su eficacia por la aparición de resistencias en insectos y, en concreto, en los mosquitos Anopheles trasmisores de la malaria.

(…)

Por su contribución al control de varias enfermedades transmitidas por insectos a través del hallazgo del DDT, Paul Müller recibió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1948.

(…)

…la bióloga marina Rachel Carson. Trabajó para el Departamento de Pesca del Gobierno de Estados Unidos, a menudo para escribir textos y divulgar aspectos de la vida marina y, en concreto, de las pesquerías. En 1958 se mudó a Maryland por asuntos familiares y allí conoció el uso y los efectos del DDT por su uso en la agricultura. Se utilizaba fumigándolo con avionetas y en cantidades muy grandes, sin ningún control.

(…)

Comenzó a reunir datos sobre el DDT y sus efectos y a escribir su libro más conocido e influyente, Primavera silenciosa, publicado en 1962. Rastreó el camino del DDT por la cadena alimenticia y demostró que, a medida que se acumulaba, exterminaba o alteraba la genética de muchas especies.

(…)

Fue, por tanto, Rachel Carson, la que comenzó a reunir evidencias de los peligros del DDT aunque nunca propuso eliminar su uso sino, más bien, gestionarlo con precaución y más control que hasta aquellos años. También dio a conocer en su libro la posibilidad, ya con los primeros resultados, de utilizar el control biológico. Así comenzó la polémica, con estudios que demostraban los daños que provocaba y otros estudios no los encontraban. Además, fuertes intereses económicos y grupos de presión intentaban influir en el veredicto definitivo de las autoridades gubernamentales, en concreto, de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos. Como hipótesis curiosa aparece que, detrás de los estudios que demostraban los peligros del DDT, estaban las empresas fabricantes de insecticidas que intentaban su prohibición para introducir sus propios productos, más caros y cuyas patentes controlaban.

Algunos expertos afirman que el DDT, a corto plazo y en envenenamientos con grandes dosis, puede dañar el sistema nervioso periférico y el hígado y, a largo plazo y con dosis menores, no hay datos que demuestren peligros para la especie humana aunque es carcinógeno para el hígado en ratones.

En el ambiente, el DDT provoca fallos en la reproducción y el desarrollo y la muerte en muchas especies de aves y después de fumigaciones masivas. Además, son sensibles al DDT el fitoplancton marino, los peces y los moluscos bivalvos. Es muy persistente y se transporta a grandes distancias en la atmósfera y, por ello, se encuentra, por ejemplo, en el Ártico.

(…)

En Estados Unidos, después de grandes presiones de expertos y de ciudadanos en general, después del éxito del libro de Rachel Carson, en 1969 se prohibió el uso del DDT en el control de plagas agrícolas y para 1972 se prohibió su uso al aire libre. En muchos países ni siquiera se prohibió pero no se podía utilizar pues los países ricos y las instituciones no daban fondos a muchos proyectos de erradicación de la malaria simplemente porque utilizaban DDT. Daba mala imagen al donador de los fondos.

Era el DDT el protagonista de una historia que, entre 1945 y 1972, pasó de héroe a villano.

(…)

Fue en mayo de 2001 cuando se firmó la Convención de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes que prohibía el uso de nueve grupos de productos químicos, sobre todo los organoclorados y, entre ellos, el DDT. Pero, unos años más tarde, el 15 de septiembre de 2006, la Organización Mundial de la Salud anunció que el DDT se podía usar de nuevo para erradicar la malaria con fumigaciones exclusivamente en el interior de las viviendas, método muy efectivo contra los mosquitos y no peligroso para el ambiente. Para muchos expertos es muy útil en la lucha contra esta enfermedad pues ahuyenta a los mosquitos antes de que piquen e impide su entrada en las viviendas. Además, dura dos veces más que otros insecticidas y es cuatro veces más barato. En situaciones concretas de salud pública, el DDT sigue siendo la elección más eficaz, sobre todo en África y en otras regiones tropicales con malaria endémica.

(…)

EDUARDO ANGULO
“Historias de la malaria: Paul Müller, el DDT y Rachel Carson”
(cultura científica, 04.12.17)

7.12.17

beige consorcio

la nación

(...)

En la teoría de la decisión está demostrado cómo las organizaciones castigan más severamente a quién toma decisiones con un efecto negativo que a quien no las toma (igualmente esa no acción tiene un efecto negativo alto). Este “sesgo de omisión” lleva a la proliferación de “managers flotantes” -como el jefe de la tira cómica Dilbert-, que transcurren años o décadas en sus cargos gerenciales sonriendo, cumpliendo los rituales corporativos, sin tomar ni una decisión de riesgo.


Interactuando con esta coyuntura de cambio y con los sesgos psicológicos que estudia la economía comportamental, se agregan los problemas de incentivos. Por caso, en estructuras de poder atomizado, donde nadie tiene la capacidad de imponer un proceso de cambio verdadero (y no cosmético) y casi todos tienen derecho a veto, el statu quo anida cómodo. El arquitecto Rodolfo Livingston contó una vez cómo este tipo de estructura de poder, muy común en los edificios de propiedad horizontal, hace que el 99% de los interiores comunes se terminen pintando de un horrible color, que él bautizó “beige consorcio”, porque nadie se anima a vetarlo o a conseguir los votos para un cambio.

(...)

SEBASTIÁN CAMPANARIO
“La estrategia Thelma &Louise y por qué cuesta salir del statu quo”
(la nación, 03.10.17)