17.11.17

agarrate catalina

wikipedia

Chusmeando en la red, topamos con una explicación del origen de la célebre frase: “¡Agarrate, Catalina!”, de uso popular rioplatense que suele yuxtaponerse a la explicación final, “Que vamos a galopar”. La explicación suena a leyenda (dícese de una mentira repetida lo suficiente hasta ser aceptada como verdad) pero la historia es tan buena que merece un post.

Cuenta esta versión que en los ’40, había una trapecista llamada Catalina que hacía peripecias en un circo de San Telmo, honrando una larga tradición familiar. Lamentablemente, esa tradición también estaba enraizada con la tragedia, porque la madre, la abuela y la bisabuela de Catalina, trapecistas como ella, habían fallecido en sendos accidentes en la pista del circo. Ese pasado no acobardó a la joven artista que subía cada noche al trapecio a ejecutar su acto. Sin embargo, el público no se tenía tanto fe como la trapecista. Cada noche, cuando la joven subía a las alturas para hacer su acto, el público gritaba: “¡Agarrate bien, Catalina!”. A fuerza de repetirlo, el consejo se apocó en la conocida frase: “¡Agarrate, Catalina!”.

Para sospechar más de esta versión, se asegura que la joven no pudo escapar de su sino trágico: cuando apenas contaba con 25 añitos, falleció en un accidente en el trapecio, cuando la impactó un Hombre Bala impulsado desde un cañón.

Hmmmm…

Casi como que la otra versión (la de Irineo Leguisamo que tenía una yegua llamada Catalina y que la arengaba con la consabida frase antes de cada carrera), suena un poco más creíble (no mucho tampoco).

Pero como en esta página somos partidarios de que entre la verdad y la leyenda, imprime la leyenda, nos quedamos con la primera versión. Sobre todo por lo del Hombre Bala.


FUENTES:

http://transpanish.biz/es/blog_traduccion/significado-agarrate-catalina/

http://definicienciapopular.blogspot.com.ar/2009/01/agarrate-catalina.html

http://www.todotango.com/buscar/?kwd=catalina

http://www.lacapitalmdp.com/noticias/La-Ciudad/2015/11/22/291375.htm

http://www.esperanzanews.com.ar/ver_notas.php?idnota=258

16.11.17

eleno cespedes

infobae

(…)

Hacia 1545, en un pueblo de España de cuyo nombre no me puedo acordar nació una esclava mulata. Su amo, Benito de Medina, pronto la liberó. A la edad de ocho o diez años la hija de Medina se casó y la esclava liberta, aún sin nombre, se fue a vivir con ella como sirvienta; luego de dos años regresó a vivir con Medina y su esposa llamada Elena de Céspedes, pero ella murió y debido a eso tomó su nombre. Decidió entonces ir a vivir con su madre, donde aprendió a tejer. A los quince años se casó con Cristóbal Lombardo. “Con él”, como cuenta ella en las actas inquisitoriales, “hice vida [maridable] como tres meses, poco más o menos, y porque me llevaba mal con él, él se ausentó y se fue. Quedé sola, y preñada”. Al poco tiempo murió su madre y se marchó a Granada, donde estuvo unos meses en casa del tesorero de la Capilla Real de esa ciudad. Como tejedora –oficio que por esa época estaba emparentada con la cirugía– se dedicó a la sastrería y la calcetería. Peregrinó por varios pueblos practicando estos oficios, en uno de ellos tuvo una riña con un proxeneta y estuvo en la cárcel por amenazas; al salir de ella decidió “andar en hábito de hombre, y dejé el de mujer, que hasta allí siempre traje”, pero no está claro si el temor o la protección que imaginó que le daban la ropas de varón fueron las únicas razones para ello.

Elena, ahora sin nombre y con ropas de varón, volvió a su peregrinaje, esta vez trabajando en la labranza y el pastoreo. Fue en esta época cuando alguien sospechó que era homosexual y fue otra vez llevada a la cárcel, donde por suerte un vecino de su pueblo natal dijo que no era homosexual sino Elena de Céspedes. Nuevamente en libertad y como era costumbre entre los sacerdotes, uno de ellos la empleó en su casa, pero la obligó a vestirse con ropas de mujer. En esa casa Elena tuvo una relación con la hermana del sacerdote, relación que le valió la expulsión de ahí. Justo en ese momento los moros de Granada se levantaban y Elena volvió a adoptar las prendas de varón y se marchó a la guerra, haciéndose llamar simplemente Céspede y enrolándose como soldado “con el duque de Arcos en su compañía hasta que acabó la guerra [de Alpujarras, 1568-1670]”, luego de lo cual volvió al pueblo de Arcos a practicar su oficio de sastre.

De vuelta en sus peregrinajes y siempre en el mismo oficio y con las mismas ropas de varón, llegó a la corte real que recién se había instalado en Madrid: “Tomé amistad con un valenciano, cirujano y él me llevó a su casa por huésped. Comenzó a darme lecciones de curar, y aprendí bien, dentro de pocos días curaba tan bien como el mismo cirujano”. Tenía en esa época poco más de veinticinco años. Dejó el oficio de sastre y comenzó a practicar la cirugía en el hospital de la corte “asistiendo y practicando en él como tres años, al cabo de los cuales me fui al Escorial a curar a Obregón, que era un criado de Su Majestad, y comencé a curar públicamente y andaba por aquellos lugares de La Serranía curando más de dos años”. Por esos años la cirugía y la medicina eran prácticas separadas y a la vez complementarias: la medicina se enseñaba en la universidad mientras que la cirugía se aprendía como oficio y tenía un estatus inferior, de este modo los cirujanos se encargaban de las heridas, purgaciones y extracción de muelas. Se fue a otro pueblo donde estuvo practicando la cirugía y donde por primera vez se enamoró de una mujer, de una viuda llamada Isabel Ortiz, a quien le propuso matrimonio, pero ella no aceptó.

Triste, fija su mirada en los soldados y se dedica a sanar sus heridas, como si en esas heridas estuvieran las suyas. Otra vez a la deriva recorre pueblo tras pueblo, hasta que estando en Campozuelos se enferma, y las casualidades del destino hicieron que fuera huésped de Francisco del Caño. La vida de Céspedes iba a cambiar drásticamente, porque allí conoció a la hija de Del Caño, María, de quien se enamoró y “la pedí por mujer a sus padres y ellos dijeron que sí”. Como el derecho canónico regía las relaciones entre las personas fue a Madrid para pedir licencia al vicario y así poder casarse, además era muy importante “hacer las amonestaciones”, que era el modo en que se avisaba públicamente en las parroquias vecinas del compromiso, con el fin de que si alguien conociera algún “impedimento canónico” para que no se llevara a cabo lo hicieran saber. Cuando se entrevistó con el vicario, éste le preguntó por qué era tan lampiño y si era capón. Eleno, a esa altura ya había asumido ese nombre, fue examinado por tres hombres, que determinaron que era varón y que no era eunuco. El vicario entonces autorizó su matrimonio, y se hicieron las amonestaciones. Transcurrido un tiempo apareció Isabel Ortiz diciendo que él ya le había ofrecido matrimonio. Pero el rumor de que era macho y hembra lo obligó a regresar a la corte, donde dos médicos quisieron examinarlo, pero como era conocido ahí decidió que tal examen ocurriera en Toledo.

Antes de llegar tomó una decisión algo extrema: cosió sus labios inferiores para ocultar su “propia natura de mujer”, y así se expuso ante los médicos y autoridades de esa ciudad, y "ninguno de ellos pudo meter el dedo ni conocer que yo tuviese sexo de mujer, y aunque es verdad que tentaban una duraçen del arrugamiento que había hecho, y me preguntaban qué era aquello, yo les respondí que una almorrana que había tenido allí o apostema, me había dado allí un botón de fuego y me había quedado aquella dureza”. Sus conocimientos de medicina le ayudaron para que los expertos determinaran que no tenía sexo de mujer y “diciendo que era hombre” volvió a Madrid, le presentó el informe al vicario, quien hizo que la volviesen a revisar. Eleno repitió el procedimiento quirúrgico y con los labios cosidos se presentó ante los expertos de Madrid con idéntico resultado. Con la licencia se pudo, por fin, casar con María del Caño en Campozuelos.

Fue así como casi a la edad de cuarenta años Eleno de Céspedes contrajo matrimonio con María del Caño. Dicen que fue una ceremonia sencilla pero linda. Pronto debido a que en un pueblo aledaño no había cirujano, la feliz pareja se mudó allí, y mientras Eleno trabajaba en su oficio sanador, María se dedicaba a las labores domésticas, pero no fue una pareja de mujer y mujer, porque Eleno se asumía varón, y según se supo después, la penetraba a María con un dildo (consolador) de madera forrado en cuero. María se había casado virgen y era inexperta, y cuando fue interrogada por la Inquisición, señaló que tenía relaciones con su marido, pero que nunca había visto su pene. Podría decirse que la vida sexual de la pareja era, en apariencia, como la de cualquier pareja heterosexual, salvo que no se trataba de una pareja heterosexual. Pero surgieron los problemas, o mejor dicho, el pasado de Eleno se hizo presente. Un día el alcalde de ese pueblo recordó haberlo visto vestido de mujer en la guerra de Granada y le escribió al corregidor contándole que se decía que era macho y hembra. El corregidor tomó nota y tramitó la acusación de sodomía en contra de Elena ante el Santo Oficio.

El delito de sodomía, que incluía todas las actividades sexuales que no estaban destinadas a la reproducción, era un cargo capital, pero además el corregidor agregó a ese cargo el de engaño a su mujer. Eleno se defendió en un tribunal laico de su pueblo argumentando que era hombre y que como tal no había engañado a nadie y que había tenido relaciones con otras mujeres “por naturaleza, no antinaturalmente”. En otro momento le preguntaron si había sido hermafrodita y su respuesta fue la siguiente: “En realidad, de verdad, soy, y fui hermafrodita, que tuve y tengo dos naturas, una de hombre, y otra de mujer. Lo que pasó es que cuando yo parí, como tengo dicho, con la fuerza que puse en el parto me le rompió un pellejo que tenía sobre el caño de la orina, y me salió una cabeza como medio dedo pulgar, que parecía en su hechura cabeza de miembro de hombre”. Es decir la maternidad la convirtió, según ella, en macho. En el resto de su declaración explica cómo cuando aún era sastre empezó a sentir atracción por las mujeres, específicamente por Ana de Albánchez, a quien no sólo besó sino que también se echó encima de ella. También reconoció haber tenido relaciones con la hermana del sacerdote que lo había albergado tiempo atrás. Sin embargo advierte que sólo su mujer y Ana de Albánchez conocían de su parte femenina.

(…)

Más allá de esto, Eleno era una persona que aprendía rápido y estaba atento a todo: por ejemplo estaba al tanto de los casos de hermafroditismo que la ciencia discutía y tal argumento lo usó en su favor durante su juicio. La poca consistencia de sus testimonios de la que hablan los historiadores era pura sagacidad para adaptarse a los vaivenes del proceso judicial. Por ejemplo, cuando le preguntan por qué no tenía pene, responde que el miembro que le había salido después del parto “se me acabó de caer poco más de quince días, y lo que en esto pasa es que antes de Nuestra Señora de agosto [el día 15] pasado, a mí me dio un flujo de sangre por mis partes naturales de mujer, y por la trasera, y luego me dio un dolor grande de riñones, y me llagó por andar en caballo por la raíz de mi miembro, y me le enmustió el miembro, volviéndose ello como de esponja, y me lo fui cortando poco a poco, de manera que habiendo a quedar sin ello”. Cuando le preguntan por sus testículos, responde aún más sagazmente que éstos son internos, es decir, invisibles. La mujer de Eleno declaró no haber tocado nunca su pene, por vergüenza, aunque sí lo había sentido. Las sospechas de los inquisidores era que usaba alguna clase de dildo o consolador, y se lo consultaron a María, quien sólo respondió que de vez en cuando tocaba su “naturaleza” con la mano, justo después de copular.

Pese a su defensa de hermafroditismo, Eleno de Céspedes fue condenado por los cargos de brujería y falta de respeto hacia el sacramento del matrimonio a doscientos latigazos no demasiado fuertes, humillación pública y a trabajar durante diez años en un hospital de caridad como cirujano, “sin remuneración alguna y vestida con atuendo de mujer”. En parte tuvo suerte y en otra parte supo llevar el juicio a su favor, ya que el cargo de sodomía lo hubiera llevado a la muerte.

(…)

Y es que Eleno obtuvo una fama no buscada, ya que muchas personas se iban a atender con ella en el hospital donde cumplía su condena; en una carta el administrador de este hospital se quejó de la cantidad de gente que la iba a ver “de forma tumultuosa” y pidió que la trasladasen a otro recinto para volver a trabajar con tranquilidad.

(…)

GONZALO LEÓN
“¿Quién fue Eleno de Céspedes?: una historia poco conocida del primer matrimonio igualitario”
(infobae, 10.11.17)

15.11.17

apuntando hacia el asiento trasero

my modern met
Leyendo el muy buen sitio “Cultura Bizarra” (https://www.culturabizarra.com) nos enteramos la historia de Ryan Weideman y nos pusimos a buscar más data de sus trabajos para armar este post.

Weideman llegó en los ’80 a Nueva York, con su título de artes bajo el brazo y el sueño de conquistar la ciudad. Claro que la realidad impone sus reglas y Weideman se vio alquilando un cuarto viejo, con agua fría y sólo trescientos dólares en el bolsillo. Por lo que cuando un vecino lo invitó a manejar un taxi para ganarse unos dólares, lo aceptó sin dudar.

Weideman iba a estar las siguientes cuatro décadas manejando un taxi. Algunos pueden deprimirse, maldecir su suerte y archivar sus sueños. Weideman, en cambio, sacó su cámara y empezó a fotografíar a los pasajeros, la fauna que se subía su vehículo y lo instaba a apuntar hacia el asiento trasero.

Sin saberlo, Weideman estaba cimentando su estilo artístico. Hoy es un fotógrafo reconocido, sus fotos se exponen en museos y galerías, y hasta se lo reconoce por sacar selfies en los ’80 cuando todavía no se habían inventado y, por supuesto, mucho menos popularizadas. Eso sí: Weideman sigue viviendo en el mismo departamento de la calle 43 Oeste donde empezó su conquista de la Gran Manzana.

A su taxi se subieron un par de famosos como Allen Ginsberg o Dianne Brill pero, seguramente, sus mejores fotos son las de los anónimos neoyorquinos que retrataron con su estilo el cambio de época.

A modo de una pequeña muestra de su obra (que pueden consultar en las fuentes al pie), seleccionamos un puñadito de fotos con las que cerramos este post.

http://www.brucesilverstein.com/
Out My Taxi, #3

http://www.brucesilverstein.com/
Self-Portrait with Ladies & Dog, 1998

http://www.brucesilverstein.com/
Six Girls Crack Up, 1982

http://www.brucesilverstein.com/
Riding with Dream Lovers in Love, 1983

http://www.brucesilverstein.com/
Beauty Aloof, 1982

http://www.brucesilverstein.com/
Out My Taxi, #193

http://www.brucesilverstein.com/
Self-Portrait with Transvestite, 1997

http://www.brucesilverstein.com/
Self-Portrait with Ladies & Dog, 1998

http://www.brucesilverstein.com/
Self-Portrait with Couple, Woman in Bandage, 1986

http://www.brucesilverstein.com/
Ruby Duby Do, 1982

http://www.brucesilverstein.com/
Out My Taxi, #4)

http://www.brucesilverstein.com/
A Short Ride in a Fast Machine, 1995

FUENTES:

https://www.culturabizarra.com/ryan-weideman-fotografo-taxista/

http://www.lavanguardia.com/cultura/20170531/423044794502/ryan-weideman-fotografo-taxista-nueva-york.html

http://www.lavanguardia.com/cultura/20170530/423045577665/ryan-weideman-fotos.html#1

http://www.brucesilverstein.com/artists/ryan-weideman

http://mymodernmet.com/ryan-weideman-nyc-taxi-photographer/

http://www.elperiodico.com/es/noticias/onbarcelona/mirar/ryan-weideman-nueva-york-taxi-arte-6090099

14.11.17

reservorios ante la barbarie

(…)

Fue en Montecassino donde San Benito fundó su primer monasterio, el más famoso de la Iglesia latina, y lo hizo en el año 529, el mismo en que cerró para siempre la academia platónica de Atenas, símbolo de la antigüedad. Esta coincidencia temporal fortuita es asombrosa y trae además consigo la ilusión de una fascinante carrera de postas occidental.

El Imperio romano ya se había derrumbado y su derrumbe amenazaba con arruinar toda una cultura, la antigua. Pero en Montecassino San Benito la puso a salvo. Los monjes copiaron pacientemente los manuscritos antiguos y se ocuparon de cuidar el lenguaje. El monje francés Leclercq trató de demostrar que el amor a la gramática iba indisolublemente unido al amor a Dios: ya sabemos que, según enseñó un poeta, no hay nada donde la palabra se rompe. Según el papa Benedicto XVI, esta tarea de conservación “responde por completo a una directriz de los benedictinos: succisa virescit (con la poda, reverdece). El daño se convierte, en cierto modo, en un renacimiento”.

Montecassino tiene sus historias. En plena fundación, todo el mundo trabajaba para levantar el monasterio. San Benito, sin embargo, no estaba con sus hermanos. En un momento, cae una piedra y mata a un monje. Pero Benito sigue rezando. Despide a los monjes que le dan la noticia, cierra la puerta y se pone a orar. Por fin, el hermano muerto vuelve a la vida. En Montecassino, Benito adelanta además la hora de la oración nocturna para velar. Una noche, el santo tuvo la visión del mundo encerrado en un rayo de sol.

Sabemos estas cosas en gran medida gracias al escrito biográfico de San Gregorio Magno. Es interesante confrontar la imagen de San Benito que da el papa Gregorio con la que resulta de la famosa Regla benedictina, que rige el funcionamiento cotidiano del monasterio. Parece estricta, aunque en realidad es un ejemplo de mesura. Los tiempos pueden haber cambiado, pero la regla permanece, esa regla cuya primera prescripción es: “Escucha”. Démosle de nuevo la palabra a Benedicto XVI: “Si hoy, como vemos -dijo en el año 2000-, nuestra cultura amenaza con perder el equilibrio, se debe también a que con el paso del tiempo nos alejamos de ella”. El agnóstico Vargas Llosa está de acuerdo: “La supervivencia de semejante pasado en un presente tan confuso como el nuestro es necesaria, una manera de retroceder de nuevo a la barbarie”.

(…)

PABLO GIANERA
“Los ‘reservistas’ de un mundo en crisis”
(la nación, 09.11.17)

13.11.17

mi cara que fui olvidando

williamutermohlen.org
1967

William Utermohlen nació el 4 de diciembre de 1933 en South Philadelphia (USA) en una familia de origen alemán. Estudió desde 1951 a 1957 en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts, una de las academias de arte más prestigiosas de Estados Unidos, y más tarde en la Ruskin School of Drawing and Fine Art de Oxford, en Inglaterra. Desde muy joven mostró una clara tendencia por el arte. Le encantaba pintar, especialmente personas. Es en el Reino Unido donde desde 1957 desarrolla su obra pictórica. A lo largo de su carrera abordó diferentes temáticas y estilos, y realizó numerosas exposiciones de pintura a lo largo de Europa y Estados Unidos.

En 1995, con 61 años de edad, es remitido a la consulta del Grupo de Investigación en Demencias del Instituto de Neurología del University College de Londres para la evaluación de un posible deterioro cognitivo. Según la información ofrecida por su esposa, Patricia, los problemas de William se inician aproximadamente cuatro años antes, cuando comienza a presentar dificultades para abrocharse el cuello de la camisa. Su esposa describe además problemas en el manejo del dinero, problemas de memoria y pérdida de habilidades para la escritura. A William se le ve triste, deprimido y ausente, y no presta atención a lo que le rodea. En la evaluación que se le realiza se constata un deterioro moderado en múltiples áreas relacionadas con su funcionamiento cognitivo, y la resonancia magnética revela una atrofia cerebral generalizada. A William Utermohlen le fue diagnosticada una probable enfermedad de Alzheimer con 65 años de edad. Evaluaciones posteriores realizadas reflejaron un mayor deterioro progresivo de su funcionamiento cognitivo y una atrofia generalizada en su cerebro.

(…)

Desde el momento del diagnóstico, la mayor parte de la producción artística de William Utermohlen se centra en la realización de autorretratos, “género” que ya había cultivado a lo largo de su carrera y que supone un esfuerzo de observación personal. A través de los mismos (realizados entre 1995 y el año 2000) se puede hacer un “seguimiento” de la evolución de su enfermedad, analizando los cambios en su pintura, y se puede intentar conocer y comprender, además, cómo fue la vivencia de su enfermedad.

(…)

Si se presta atención a la serie de autorretratos, se observa un cambio rápido y generalizado en las habilidades artísticas, indicativo del proceso neurodegenerativo e inexorable que William Utermohlen padece. William, en estos cinco años, va perdiendo paulatinamente la capacidad de representación espacial, las relaciones entre rasgos y objetos, entre proporción y perspectiva. Se simplifica e incluso desaparece el fondo de los cuadros. El color desaparece y, como si de una metáfora de la enfermedad se tratara, pasa de vivir y expresar la vida en color, a existir y comunicarla en blanco y negro. El manejo del pincel se vuelve más burdo, más tosco y, al final, produce líneas hechas con un lápiz.

(…)

williamutermohlen.org
1997

En el cuadro pintado en 1997 se pueden apreciar los primeros signos de dificultad en la representación de los rasgos de la cara, tanto de su estructura como de la relación entre los mismos. Pinta de manera más burda, y tanto su memoria como su motivación, atención y reconocimiento visual están ya alterados, y por eso su pintura resulta más tosca y menos elegante. Al año siguiente, en 1998, cuando William tiene 65 años, estos cambios son más pronunciados: existe una clara alteración del sentido de la proporción en los ojos especialmente, y el fondo del cuadro, el contexto del mismo, ha desaparecido.

el país
1998

En 1999, el deterioro de sus habilidades constructivas es más evidente, los rasgos faciales aparecen juntos, borrosos y extrañamente (des)conectados.

el país
1999

Un año más tarde, en 2000, William ya había abandonado la pintura al óleo y trabajaba con lápices. En este autorretrato, solo los principales rasgos de la cara son reconocibles y la división de la misma está formada por una continuación de la mandíbula, que casi se pliega sobre sí misma. La enfermedad de Alzheimer hace desaparecer “el rostro de William”, que se pierde entre las neuronas dañadas.

el país
2000

(…)

williamutermohlen.org
1996

En el primer autorretrato de 1996 se puede observar una mirada dura, posiblemente enojada, indignada. Un hombre que ve cómo su mundo se contrae, se hace más pequeño, se limita, se reduce y nos mira e interroga desde detrás de los barrotes de esa cárcel, que es la enfermedad de Alzheimer. La mirada de William tiene todavía fuerza, aunque también se aprecia desasosiego y posiblemente miedo. Miedo que acompaña siempre a la enfermedad, y sobre el que, a buen seguro, como sobre otras emociones, nunca jamás le preguntaron. Miedo, que es hermano del sufrimiento y la desesperación.

williamutermohlen.org
1997

En 1997, su rostro refleja una mirada perdida, extraviada, perpleja, extrañada. Incapaz de encontrarse a sí mismo dentro de sí mismo, su vida es un encuentro constante con lo desconocido, donde no puede expresar la naturaleza de su terrible experiencia. Si comparamos este autorretrato con el del año anterior, se puede apreciar que su rostro ha perdido vigor. En la medida en que los rasgos van suavizándose y la mirada perdiendo vivacidad, William va invisibilizándose y con él se pierden sus deseos, necesidades y expectativas. Casi tres años después del diagnóstico, en 1998, su pintura no es tan refinada y precisa, aunque a pesar de eso el cuadro transmite intensamente la tristeza, ansiedad, resignación y debilidad que emanan de su rostro. Sin embargo, en los dos últimos autorretratos (1999 y 2000), hechos casi cinco años después del diagnóstico, los rostros aparecen a la vez casi borrados, demolidos, desestructurados. Como decía su esposa, “es como si William hubiera asimilado su destino en su pintura: subsistir mientras desaparece”.

(…)

JAVIER YANGUA
“El caso Utermohlen”
(el país, 19.09.12)

williamutermohlen.org
1957

11.11.17

algo de bob fosse


sweet charity


cabaret


chicago


the little prince


all that jazz

10.11.17

van gogh dixit

galería de van gogh
Mientras escribíamos la crítica de ayer de “Loving Vincent”(https://libretachatarra.blogspot.com.ar/2017/11/van-gogh-cosmos.html), consultamos varias páginas sobre Vincent Van Gogh y nos llamó la atención una serie de frases suyas. Nos pareció buen material para un post, con un mezcladito de sus obras. Es sólo un comienzo, para tentarlos a buscar más.

Cuando siento una necesidad de religión, salgo de noche y pinto las estrellas.

Los pescadores saben que el mar es peligroso y la tormenta, terrible. Pero eso no les impide hacerse a la mar.

Sueño con pintar y luego pinto mis sueños.

Desde luego que para el arte, donde se tiene necesidad de tiempo, no estaría mal vivir más de una vida.

¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?

Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello.

Sufrir sin quejarse es la única lección que debemos aprender en esta vida.

galería de van gogh

Una buena imagen es equivalente a una buena acción.

Trabajando duro, viejo, espero hacer algo bueno algún día. No lo hago todavía, pero lo persigo y lucho.

Siempre pienso que la mejor manera de conocer a Dios es amar muchas cosas.

Elegí conscientemente el camino del perro a través de la vida. Voy a ser pobre. Voy a ser pintor.

Yo busco ahora exagerar lo esencial. No quiero reproducir exactamente lo que tengo delante de los ojos, sino que me sirvo arbitrariamente del color para expresarme con más fuerza.

Tengo una fe absoluta en el arte.

galería de van gogh

Sé claramente consciente de las estrellas y del infinito de las alturas. Entonces, la vida parece casi encantada después de todo.

Las pinturas tienen una vida propia que se deriva del alma del pintor.

El éxito es a veces el resultado de toda una serie de fracasos.

Si escuchas una voz en tu interior que dice “no puedes pintar”, entonces, por todos los medios, pinta y esa voz será silenciada.

Lo que el color es en un cuadro el entusiasmo es en la vida.

El arte es para consolar a los que están quebrantados por la vida.

La normalidad es un camino pavimentado: Es cómodo para caminar, pero no crecen flores en él.

wikipedia

Hay paz incluso en la tormenta.

Algún día la muerte nos llevará a otra estrella.

No hay azul sin amarillo y sin naranja.

Tengo un período de aterradora claridad en esos momentos en que la naturaleza es tan bella. Ya no estoy seguro de mí mismo, y los cuadros aparecen como en un sueño.

No se está en la tierra para divertirse, no es necesario vivir mejor que los demás.

wikipedia

Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él.

No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros no se vendan. Sin embargo, el tiempo hará que la gente reconozca que mis cuadros valen más que el valor de las pinturas utilizadas en él.

Tengo una fe absoluta en el arte.

El arte es un combate. En el arte es necesario hasta jugarse la piel.

¿Sabes lo que hace que desaparezca la cárcel? Cada afecto genuino y profundo. Ser amigo, hermano, amante, es lo que nos libera de la prisión. Sin estos afectos, uno está muerto. Pero cada vez que se reviven estos afectos, la vida renace.

Sólo delante del caballete pintando siento un poco de vida.

Hay en casi todos los hombres un poeta que murió joven y al que el hombre sobrevivió.

wikipedia
FUENTES:
http://www.jmhdezhdez.com/2013/11/frases-van-gogh-vincent-phrases-citas.html

https://www.muyhistoria.es/h-moderna/articulo/diez-grandes-frases-de-vincent-van-gogh-551375085144

https://www.lifeder.com/frases-de-vincent-van-gogh/

https://culturacolectiva.com/arte/frases-de-vincent-van-gogh-para-comprender-que-el-amor-es-la-mayor-fuerza/

http://www.frasecelebre.net/profesiones/pintores/vincent_van_gogh.html

http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/vincent-van-gogh.html

https://es.wikiquote.org/wiki/Vincent_van_Gogh