19.9.17

la línea mason-dixon

bbc mundo

(…)

Los británicos Charles Mason y Jeremiah Dixon eran científicos de renombre cuando se les encargó resolver una disputa de tierras los Estados Unidos pre-revolucionarios de 1763.

Durante 80 años, la familia Calvert de Maryland y los Penns de Pensilvania mantuvieron una sangrienta disputa sobre el límite entre las dos colonias concedidas por la corona inglesa.

“Era mucho lo que estaba en juego”, explica Thaler, miembro de la Sociedad Histórica de Maryland en Baltimore y experto del proyecto Mason-Dixon.

“Había más de 10.000 km cuadrados de territorio que estaba en disputa y nadie sabía a quién pagar impuestos. La guerra estalló a lo largo de la frontera”, señala.

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Por eso, las familias contrataron a Mason y Dixon que eran conocidos en Inglaterra como maestros topógrafos y astrónomos.

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La línea Mason-Dixon fue dibujada en dos partes.

Una división de norte a sur entre Maryland y Delaware de 133,5 kilómetros y la más conocida, de oeste a este, que separa a Pensilvania y Maryland, de 375 km y que se extiende desde el sur de Filadelfia hasta lo que ahora es Virginia Occidental.

Según Thaler, “este fue el logro científico y de ingeniería más destacado de la época”.

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“La precisión es tan extraordinaria que incluso hoy sigue sorprendiendo: representa la primera medición geodésica (el cálculo de una gran superficie en el que se realizan correcciones por la curvatura de la superficie terrestre) en el Nuevo Mundo”.

Dixon, que era originario de Cockfield, cerca de Bishop Auckland, en el norte de Inglaterra y Mason, de Oakridge Lynch, en Gloucestershire, en el sur oeste del país, se reunieron originalmente en 1761 para trazar el Tránsito de Venus, (un evento astronómico que ocurre cuando el planeta Venus pasa entre el Sol y la Tierra) que hacía más fácil calcular la distancia de la Tierra al Sol.

Les tomó casi cinco años.

Sin embargo, a pesar del impresionante logro, ambos terminaron en tumbas no identificadas y son prácticamente dos desconocidos en su país de origen.

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Ambos llegaron a Filadelfia para comenzar a trabajar en noviembre de 1763.

Utilizaron los instrumentos de Bird para calcular la trayectoria de las estrellas y tuvieron que luchar contra los hostiles nativos, montañas, densos bosques, ríos y animales salvajes.

Los marcadores hechos de piedra caliza de hasta 1,5 metros de altura, extraídos y transportados desde Inglaterra, fueron colocados en cada milla (0,6 km) y marcados con P para Pensilvania en un lado y M para Maryland del otro.

Las denominadas “piedras de la corona” fueron puestas cada 5 millas (3 km aproximadamente) y grabadas con el escudo de armas de la familia Penn de un lado y de la familia de Calvert en el otro.

“Nadie sabe realmente por qué las casi 400 piedras fueron enviadas desde Inglaterra”, dijo Todd Babcock, de la Asociación de Preservación de la Línea Mason y Dixon.

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En ese momento todo lo que Mason y Dixon tenían por delante era el desierto. Había algunos asentamientos, pero al oeste del río Susquehanna y acercándose a las montañas Allegheny había muy pocos caminos. Tuvieron que atravesar bosque y cortar maleza en un ancho de casi 10 metros”.

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“Empezaron con un grupo de cinco y terminaron con cerca de 115 personas para un trabajo que les demoró cinco años”.

Sin embargo, pese a la grandeza de su logro, la tecnología moderna demostró que la línea no era tan precisa como Mason y Dixon pensaban.

“Al final del trazado, pensaron que las piedras estaban colocadas en un margen de error de 15 metros de donde deberían estar, pero estamos descubriendo que algunas están hasta a más de 270 metros de la línea de latitud deseada”, dijo Babcock.

“Utilizando equipos modernos de GPS descubrimos que progresivamente se inclinaron hacia el sur y luego empezaron a regresar hacia el norte. La razón no fue porque fueran imprecisos o porque el equipo estuviera defectuoso. En realidad el problema fue la gravedad”, explicó.

“La gravedad tuvo un impacto en la plomada que utilizaron. Tenían un telescopio de casi dos metros y se utilizó una plomada en un cable fino para ponerlo en cero. Pero la gravedad variaba de ubicación en ubicación debido a la influencia de las montañas, por ejemplo”, aseguró el especialista de la Asociación de Preservación de la Línea Mason y Dixon.

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En 1767, Mason y Dixon presentaron gastos por £3.516 (US$4.545), un estimado actual de £500,000 (US$646.350).

Pero, según David Thaler, ninguno murió siendo rico.

Es probable que Mason y Dixon no vieran sus nombres asociados a su logro, ya que el informe oficial de la línea no los menciona.

El término “línea de Mason-Dixon” se hizo más conocido en el Compromiso de Misuri (1820) para permitir que el estado esclavista de Misuri y el libre de Maine ingresaran a la unión.

Y el simbolismo de la línea ya estaba firmemente establecido cuando estalló la Guerra Civil estadounidense en 1861, y representaba la división entre el norte y el sur: la libertad y la esclavitud.

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“Muchos años después de la finalización de línea de Mason-Dixon, Mason regresó a Filadelfia, pero se enfermó durante el viaje”, dijo John Hopkins, quien supervisa el cementerio en la iglesia de Cristo de la ciudad.

“Cuando llegó aquí sabía que estaba cerca de la muerte, por lo que escribió a Benjamin Franklin, a quien conocía, y le pidió que le diera un lugar para ser enterrado para que su familia no tuviera que cargar con eso”.

No sabemos dónde está, si tenía una lápida se perdió con el tiempo”, añadió.

Por su parte, Dixon regresó al condado de Durham para dedicarse a su oficio.

“Durante los últimos 10 años de su vida trabajó para Lord Barnard en el Castillo de Raby y cuidó el Castillo de Auckland para el Obispo de Durham”, dijo su pariente John Dixon.

“Murió a los 45 años en 1779. No había un certificado de defunción, sabemos que había sido un bebedor constante durante toda su vida y había rumores de que murió de neumonía”.

“Suponemos que después de haber sido expulsado, los Quakers lo volvieron a admitir y fue enterrado en el cementerio Quaker en Staindrop”.

“Pero no sabemos exactamente dónde está porque en ese momento los Quakers no marcaban sus lápidas”, relató John Dixon.

PHIL MAWSON
“La fascinante historia de la línea Mason-Dixon y cómo Estados Unidos terminó dividido entre esclavistas y abolicionistas”
(bbc mundo, 14.09.17)

18.9.17

la última caída de la cuchilla

clarín

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Símbolo de la Revolución Francesa, aunque sobrevivió con vigor a todas las etapas posteriores de la turbulenta historia de ese país, la guillotina se deslizó por última vez sobre el cuello de un condenado a muerte el 10 de septiembre de 1977.

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Marcel Chevalier fue el último verdugo en accionar la palanca en Francia. Tenía el pomposo título de Ejecutor Jefe de Francia desde hacía un año.

En 1976, Chevalier había sucedido al tío de su esposa, André Obrecht, quien a su vez había reemplazado a su primo, Jules-Henri Desforneaux, en medio de una enemistad imposible de saldar por el rol de Desforneaux en la decapitación de decenas de miembros de la resistencia francesa en la ocupación nazi. A pesar de semejante antecedente, el rol de ejecutor siguió en la familia.

Los franceses conocían el cargo como “El señor de París”. No faltaba añadir más. Había sido instaurado en 1870 por la República para centralizar y controlar mejor a los verdugos locales que pululaban por todo el país. (…) Hubo sólo siete en algo más de 100 años. El rol se transmitía por designación, privilegiando los lazos familiares. Así como Marcel Chevalier lo había recibido de Obrecht, de quien era su asistente, al tiempo de la última ejecución ya estaba preparando a su hijo, Eric Chevalier.

De hecho, previsor de la responsabilidad familiar, llevó a su hijo a esa última ejecución. Su idea era templar el carácter de Eric, por entonces de 24 años, y prepararlo para sucederlo ante un eventual retiro.

La familia ya no era segregada como en la Edad Media, cuando el ejecutor y sus parientes vivían apartados y su puerta, pintada de rojo, era una advertencia ominosa. Pero aún así, contaría Eric años después, había una burbuja protectora: discreción, silencio y pocas visitas.

En los últimos años de vigencia de la guillotina, además, el verdugo tenía poco trabajo. Así que Marcel Chevalier tenía otra profesión: era tipógrafo.

Su hijo Eric se enteró de la actividad de sus familiares cuando tenía 11 años y por una broma. Alto y robusto como un roble desde que era chico, la esposa de Obrecht le dijo a su madre, entre risas: “Es muy alto. Debería pedirle a su tío que lo acorte”. Eric no entendió el chiste a la primera. Después se lo explicaron.

¿Y quién fue la última víctima de la guillotina? Un tipo cuyo descenso a los infiernos, giro cruel del destino, empezó con una amputación y terminó con otra.

Hamida Djandoubi era un tunecino al que, por un accidente laboral, las hojas de un tractor le habían amputado casi toda la pierna derecha. En el hospital conoció a Elisabeth Bousquet, una joven de 21 años. Había ido a visitar a su padre, que había sufrido un accidente de tránsito y compartía habitación con Djandoubi. Iniciaron una relación enfermiza. La mujer luego lo denunció por intentar forzarla a prostituirse. Djandoubi fue detenido y liberado poco después. Volvió en busca de Bousquets y la secuestró. La torturó por días y la mató.

Fue condenado a muerte poco antes de cumplir los 27 años. Integró con dos asesinos de chicos, Christian Ranucci y Jerome Carrein, una terna macabra por cuyas vidas se apeló ante el entonces presidente francés Valéry Giscard. El mandatario les bajó el pulgar a los tres y en la ruleta de los turnos, a Djandoubi le tocó el último lugar.

A las 4.40 del 10 de septiembre, las dos personas que no se conocían compartieron un instante definitorio. Sin grandes aspavientos y rápidamente, como quien cumple un trámite, Chevalier soltó la hoja que separó la cabeza de Djandoubi del resto de su cuerpo.

Fue la última ejecución en Francia. En 1981, el recién asumido François Mitterrand abolió la pena de muerte. Marcel, el papá de Eric, fue convocado al servicio de arrestos criminales. Acababa de sumar un transporte nuevo para la “bécane”, o sea la guillotina, pero no iba a tener chances de usarlo. Le agradecieron los servicios prestados y le dieron un cheque de 30 mil francos.

Su hijo, Eric Chevalier, eludió así su destino de verdugo. Fue sólo empleado de un banco y transitó los últimos años hacia una apacible jubilación.

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GUILLERMO DOS SANTOS COELHO
“La última ejecución con guillotina y la singular familia de verdugos”
(clarín, 12.09.17)

16.9.17

algo de gene kelly


cantando bajo la lluvia


the worry song (con Jerry)


gotta dance (con cyd charisse)


good morning (con debbie reynolds y donald o'connor)


gone about that gal (con mitzi gaynor)

15.9.17

se les fue la mano

cultura bizarra

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Charles Mallory Hatfield (…)nació en Fort Scott (Kansas), el 15 de julio de 1875. Su familia se trasladó al sur de California y él empezó a trabajar en una compañía de máquinas de coser en 1904. No obstante, en su tiempo libre empezó a leer sobre la pluvicultura, una pseudociencia que se ocupa de las precipitaciones y su impacto en la agricultura. Pero este buen hombre fue más allá del campo teórico y empezó a desarrollar métodos propios para intentar producir lluvia.

En 1902 ya había creado una mezcla secreta, con 23 químicos, en unos grandes tanques de vaporización galvanizados. Según él, aquel “acelerador de humedad” (así lo bautizó), atraía la lluvia. En 1904, el promotor Fred Binney comenzó una campaña de relaciones públicas para rancheros y agricultores, mediante la que obtuvo 50 dólares por su fórmula para producir lluvia. Al año siguiente, él y su hermano Paul construyeron una torre de evaporación, “La Crescenta”, desde la cual, haciendo gala de una gran parafernalia y sentido teatral, liberó su mezcla en el aire con aparente éxito, pues los ganaderos le pagaron otros 100 dólares. Aún así, cabe mencionar que desde la oficina de meteorología contemporánea declararon que había sido una pequeña tormenta, además ya pronosticada, pero los crédulos hicieron caso omiso de la explicación oficial y Hatfield pudo obtener más inversiones con las que continuar su extraña empresa. En 1906, fue invitado al Territorio del Yukón, donde se comprometió a hacer llover para ayudar a la industria de la minería de oro, ofreciéndole 10.000 $ si lo lograba. Sin embargo, tras numerosos intentos fallidos, desistió, escabulléndose con tan sólo 1000 dólares en concepto de gastos, aunque este fracaso no lo disuadió. En 1915, logró un encargo de la ciudad de San Diego para producir lluvia con la que llenar la reserva del lago Morena, que se encontraba bajo mínimos después de una época de sequía. Hatfield ofreció sus cobrar por servicios únicamente en función de la cantidad de agua con la que consiguiera llenar el depósito. Así, volvió a construir su torre al lado del lago Morena (5 de enero 1916). Sorprendentemente, empezó un periodo de fuertes lluvias que lograron llenar de agua los lechos secos. Pero las lluvias no cesaron, hasta el punto de que se produjo una inundación que destruyó puentes, trenes, lineas telefónicas, granjas y casas, e incluso se desbordaron dos presas. Una verdadera catástrofe; la lluvia no cesó hasta el 20 de enero e incluso después, se reanudó hasta el 27 del mismo mes. Había tenido lugar la que se conocería como “La riada de Hatfield”, la mayor tormenta conocida en ese tiempo, en San Diego. Hubiera sido gracioso ver la cara de poema del alcalde de San Diego, mirando por la ventana la incesante lluvia y pensando “se me ha ido la mano”.

Fue un desastre natural, en el que hubo víctimas mortales, aunque Hatfield se defendió, en la prensa, esgrimiendo haber cumplido los requisitos de su contrato (llenar el embalse) y tuvo la desfachatez de exigir el pago en su totalidad. Obviamente, el ayuntamiento se negó a pagar, a menos que el aceptara la responsabilidad de daños y perjuicios, lo que supondría una reclamación por valor de millones de dólares. Finalmente, y puesto que no había un contrato escrito, se conformó con 4000$, demandándoles, aunque sin éxito, una vez hubo cobrado. Dicen que no hay publicidad mala y, definitivamente, esto le dio muchísima publicidad, lo que le sirvió para conseguir más contratos, algunos tan inverosímiles como apagar un incendio forestal en Honduras, o llenar un lago seco.

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Años más tarde, volvería a trabajar en el negocio de las máquinas de coser, y moriría en 1958, sólo (su mujer le había abandonado) y llevándose a la tumba la fórmula química que le había concedido más de 500 éxitos.

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OLATZ ZABALEGUI
“¿Pudo Hatfield, un supuesto hacedor de lluvia, provocar la peor inundación de la historia de San Diego?”
(cultura bizarra, 04.09.17)

14.9.17

nijinsky en buenos aires

la nación

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La temporada europea de 1913 tuvo una gran trascendencia en la historia de la música y de la danza. El 29 de mayo, los Ballets Russes estrenaron en el teatro del Châtelet de París La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky, con la coreografía absolutamente innovadora de Nijinsky. El debut fue una batalla con trompadas y retos a duelo, a la que le siguió el éxito en Londres. En agosto de ese año, la compañía se embarcó hacia Buenos Aires en el trasatlántico Avon. Durante la travesía, Romola de Pulszki, una diletante de familia rica, hija de la gran actriz húngara Emilia Markus, perdidamente enamorada del bailarín, con el que casi no había tenido trato, lo sedujo. En menos de diez días, lo convenció de que estaban enamorados. Él le propuso matrimonio y ella lo aceptó. La pareja se casó por civil y por iglesia apenas llegados a Buenos Aires, el miércoles 10 de septiembre. Fue un escándalo internacional porque Nijinsky era el amante oficial de Serge de Diaghilev.

El acta de matrimonio civil está firmada por testigos que no aparecen en ningún otro episodio de las vidas de los novios (la reproducción facsimilar es difícil de descifrar en algunos pasajes): Alejandro Pavlovsky, empleado, viudo, domiciliado en Talcahuano 60; Adolfo Rothskopf, soltero, periodista, treinta y cinco años, y Adolfo Walterio Huntington, de cincuenta y seis años, casado, domiciliado en Cangallo 666, del que no se precisa ninguna ocupación. Los novios dan como domicilio la dirección del hotel Majestic, donde se alojan, Avenida de Mayo 1317. El juez que los casó, según la descripción de Romola, era “un español muy estirado”, de figura “aspaventosa”.

Para el matrimonio religioso, se había elegido la iglesia de San Miguel porque en ella se celebraba una buena parte de los casamientos de la alta sociedad porteña. Fue en la casa de Dios donde empezaron los problemas de registros, memoria y prejuicios. El día anterior a la boda religiosa, Vaslav y su novia debieron confesarse. Ella detestaba ese sacramento. En el caso de él, la confesión fue una mera formalidad. El cura que lo confesó no sabía ruso ni polaco y Nijinsky no podía explayarse en el francés precario que utilizaba para comunicarse. Después le tocó el turno a Romola. Su relato no es del todo claro y contradice los documentos. No se entiende si la confesó el mismo sacerdote que confesó a Nijinsky u otro. Pero debía de ser alguien que hablaba francés lo suficiente como para mantener un diálogo complejo y enfático, porque se obstinó en arrancar a Romola la promesa de que convenciera a su marido de no bailar nunca más Schéhérazade, un ballet que era el colmo de la inmoralidad, según el cura. Sin embargo, pocas líneas después, Romola dice de su joven confesor que tenía una mirada muy buena. Llegó a pedir que fuera él quien la casara con Vaslav. Su deseo no fue satisfecho porque el obispo se había empeñado en celebrar esa ceremonia destinada a ser histórica, pero el curita simpático estuvo presente. Algo raro: según los documentos, ninguno de los sacerdotes que intervinieron en el sacramento era obispo en ese momento.

El acta de matrimonio está firmada por “El cura (sic) de la parroquia, Miguel de Andrea”, que era muy conocido por la acción social que desarrollaba y que se convertiría en 1920 en obispo de Temnos. Fundó la Federación de Asociaciones Católicas de Empleados y la Casa de la Empleada. Quien desposó a la pareja fue el presbítero Gustavo M. Franceschi, también éste llegaría a obispo; además, de 1932 a 1957, dirigiría la revista Criterio.

Si se pide el acta de casamiento de los Nijinsky en la parroquia de San Miguel Arcángel, el párroco expedirá un certificado en el que se transcribe la copia fiel de la partida cuyo original se halla en un estado calamitoso. ¿Cuál es la razón? El 16 de junio de 1955, a las 12.40, treinta y cuatro aviones de la Marina de Guerra bombardearon la Plaza de Mayo. Buscaban que sus bombas cayeran sobre la Casa Rosada para matar al presidente de la República, el general Juan Domingo Perón. Él, advertido a tiempo, se había refugiado en el Ministerio de Guerra. La conspiración contra el gobierno, en la que supuestamente habían participado miembros de la Iglesia, fracasó. Por la noche, grupos peronistas saquearon y quemaron iglesias. Una de ellas fue la de San Miguel. Los sacerdotes y los fieles lograron salvar un paquete de actas matrimoniales entre las que estaba la de Nijinsky, seriamente dañada.

La transcripción, escrita e impresa en una computadora, pone puntos suspensivos en las partes donde el original fue atacado por el fuego: precisamente donde deberían figurar los nombres de los testigos, que hoy son cenizas.

Hay otro hecho extraño de olvido y descuido en el caso Nijinsky. En la temporada de 1917, el escritor Ricardo Güiraldes y Nijinsky estuvieron en contacto (los testimonios no son precisos) a propósito de un proyecto para crear un ballet de tema guaraní. Hay un notable estudio de Malena Babino, Caaporá, sobre el asunto. Pero también hay un misterio. En 2010, empecé una investigación sobre los Ballets Russes en el Río de la Plata y me topé con una sorpresa en la bibliografía que consulté. En 2002, el Museo d'Orsay había consagrado una muestra a Nijinsky. En el catálogo había un ensayo de Daniel Gesmer, crítico de The New York Times: “Un modèle ideal: Nijinsky. Dessin, peintures et sculptures”, sobre retratos del bailarín. En la página 252, aparece esta frase inquietante: “El pintor argentino Ricardo Güiraldes hizo en 1917 un retrato del danseur étoile de los Ballets Russes (actualmente en el Museo Gauchesco de San Antonio de Areco)”. Nada más. La mención me hizo sospechar que Gesmer acaso hubiera visitado los pagos de Areco y visto con sus propios ojos la obra. Consultado por mail, Gesmer negó haber estado en el país. La información que él había levantado provenía de una fuente bibliográfica cuya referencia había perdido. Por su parte, las autoridades del museo me comunicaron que la obra no estaba catalogada ni identificada. Además, en diciembre de 2009, el río Areco se había desbordado. Sus aguas invadieron el Museo Gauchesco y subieron hasta 1,20 metros dentro de las salas. Muchos documentos y dibujos se perdieron en la corriente. ¿El retrato fantasma existió o permanece ignorado entre centenares de papeles?

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HUGO BECCACECE
“Nijinsky, en el país de la desmemoria”
(la nación, 11.09.17)

13.9.17

el día del mosquito

cultura científica

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Como escribe Wilhelm von Drigalski, el enfermo no contagiaba nunca a nadie con sus esputos, ni por contacto, ni al besar o con sus deposiciones, ni al frotar la piel de otra persona. Se sospechó del aire y del agua. Nadie pensó en los mosquitos, aunque algunos, como Laveran, lo sospechaban pero no se atrevían a plantearlo como hipótesis de trabajo. François Pagès definió la malaria como enfermedad “cerrada”, pues, de alguna manera, el parásito quedaba encerrado en el cuerpo del enfermo.

El primero que estudió la transmisión de enfermedades por picaduras de insectos fue Patrick Manson en China. Demostró que la filaria, el nematodo causante de la filariasis, se contagiaba por mosquitos, todo ello después de numerosas, difíciles y tediosas disecciones de mosquitos en busca del parásito. Publicó sus resultados en 1877 y 1878. Unos años más tarde, en 1893, y en Estados Unidos, Theobald Smith demostró que la fiebre de Texas del ganado se transmitía por picaduras de garrapatas.

En esos años, Patrick Manson convenció al médico militar inglés Ronald Ross de que el plasmodio descubierto por Laveran como causante de la malaria estaba confirmado. Le enseñó a encontrar el protozoo, a través del microscopio, en sangre fresca de enfermos. Ross, destinado en la India, un subcontinente maltratado por la malaria y, sobre todo, lo más importante para Manson, Ross y sus mandos en el ejército, la enfermedad afectaba a los soldados ingleses y a los miembros de la administración colonial. Ross comenzó a diseccionar, como había hecho Manson con la filariasis, mosquitos que habían picado a enfermos de malaria. El cuerpo de esos mosquitos, que Ross diseccionaba al microscopio, medía 6-7 milímetros de longitud y 2 milímetros de anchura, y buscaba en ellos un protozoo de 0.001-0.01 milímetros de diámetro.

En 1897 localizó los gránulos de pigmento negro típicos de la malaria en el estómago de un mosquito del género Anopheles. Fue el 20 de agosto cuando Ross encontró el protozoo en el estómago de la hembra del mosquito. Desde entonces, cada 20 de agosto se celebra el Día del Mosquito. Constató que, del estómago, los protozoos desaparecían en unas horas y, finalmente, los localizó en las glándulas salivares el 4 de julio de 1898. Solo las hembras pican y tienen glándulas salivares con anticoagulantes; los machos comen frutas y tienen glándulas salivares totalmente distintas. Así entendió cómo los mosquitos transmitían la malaria con la picadura.
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EDUARDO ANGULO
“Historias de la malaria: El mosquito”
(cultura científica, 04.09.17)

12.9.17

símbolos de la construcción masónica

En el ritual masónico del Grado de Aprendiz, el centro geográfico del Templo reúne una inusitada concentración de símbolos. Allí, sobre el pavimento de mosaico se colocan tres columnas que representan a las energías primordiales que gobiernan la logía: La Sabiduría, La Fuerza y La Belleza.

En el borde occidental del pavimento se coloca una piedra informe, tosca, (…) la Piedra Bruta, junto a un mazo y un cincel, conjunto que, de alguna manera, representan el particular momento que vive el hombre en la noche de su iniciación. Momento que tiene ver con el comienzo de una transformación, una metamorfosis que lo llevará a una nueva dimensión de la vida y a una nueva valoración de si mismo.

(…)

Todas las herramientas del masón están vinculadas al trabajo sobre su propia piedra. El mazo que representa su voluntad, el cincel que simboliza su inteligencia; escuadra, nivel y plomada que le permitirán medir ángulos rectos; una regla que dividirá las horas del trabajo, el descanso y la meditación; una trulla que ayudará a dismimular con argamasa la rugosidad e imprerfección de sus hermanos y un mandil, símbolo supremo de su trabajo, cuyo carácter alegórico fue instaurado por los grandes Maestros Constructores de la Orden Benedictina en los albores de las primeras logias operativas medievales.

EDUARDO R. CALLAEY
“La masonería y sus origenes cristianos”